Sandra Marín, la creadora de una oportunidad para recuperar vidas

En el momento en el que uno de nuestros seres más queridos debe ser hospitalizado o atraviesa por procesos de recuperación complicados, probablemente nuestra vida se comienza a desmoronar. Sin embargo, es allí cuando aparecen alternativas que jamás creeríamos que podrían funcionar y que se basan en un único elemento: el amor.

Una de esas iniciativas se llama Terapia del amor y nace desde hace tres años en el Instituto con el fin de impulsar los procesos de recuperación de pacientes con riesgo de sufrir daño neurológico o que presenten patologías relacionadas que pueden generar alguna condición de discapacidad luego de la intervención o tratamiento médico.

 

Su creadora, Sandra Marín, terapeuta ocupacional y Coordinadora del programa asegura que “surgió como una herramienta para que las madres pudieran ayudar a sus hijos en los procesos de recuperación. Nosotros las capacitamos, pero ellas hacen todo el trabajo”.

 

En medio de sus recuerdos, Sandra cuenta lo difícil que era ver a los padres acompañar a sus hijos que padecían de alguna patología o algún accidente que los dejaba en un estado de salud crítico. Para ellos, reconocer que sus seres queridos sufrían o que no podían llevar una vida normal los hacía entrar en un estado de tristeza que no les permitía ver más allá de las oportunidades que tenía el paciente para mejorar.

 

De allí que, a partir de la Terapia del amor, surgiera una esperanza que hoy ha salvado la vida muchos niños que son ejemplo a seguir debido a su fortaleza y la de sus familias.

 

Cada paciente que ingresa al Instituto Roosevelt se convierte en un reto positivo para que su calidad de vida mejore por medio de la Terapia del amor. Aunque es un proceso que requiere de tiempo y empeño, cuenta con el apoyo todo un equipo de rehabilitación liderado por Sandra que ingresa a las unidades de cuidados intensivos para capacitar a las madres con esta terapia.

 

Gracias al trabajo que realiza el equipo médico por estos pacientes, se ha demostrado que es posible aportar un mejoramiento en el estilo de vida de los niños hospitalizados en el Instituto.

El valor de donar

Indudablemente, el aporte que brindan los ciudadanos y las empresas al Instituto permite que aquellos en condición de recuperación, que requieren de una cirugía o que simplemente no cuentan con los recursos para ser atendidos adecuadamente reciban una pequeña oportunidad de mejorar la forma en la que viven, así como tener acceso a los mejores especialistas y servicios de salud.

 

Marín rescata la labor de aquellos que sin ningún interés de recibir algo a cambio aportan un granito de arena por quienes no tienen nada, por los que solo necesitan de una oportunidad para que sus vidas cambien.

 

“Las personas que donan le regalan una oportunidad a los pacientes del Roosevelt de mejorar su calidad de vida”.    

 

Al final, el resultados obtenido son niños capaces de sonreír, de caminar, de respirar y con la voluntad de vivir al máximo junto a quienes más los aman. Por esto no esperes más para dar el primer paso y apoyar a la recuperación de nuestros niños, ingresando a www.apoyarooseveltcolombia.org